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Hay 22 invitados en línea| La casa |
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| Escrito por Alex | ||||||||
| miércoles, 19 de diciembre de 2007 | ||||||||
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Ya sabes como funciona...
Todo está oscuro, poco a poco mis ojos se acostumbran al negro de la casa y empiezo a distinguir vagamente las siluetas de algunos muebles. A tientas y golpes me muevo por la casa, tratando de evitar algún que otro obstáculo. Poco recuerdo ya de esta casa, pero los intrincados pasillos me resultan familiares, salvo que antes no había tantos cachivaches. Me acerco a una ventana, descorro la cortina y abro la ventana, la madera chirría como si se fuera a romper y las bisagras están muy duras, necesitan una remodelación urgente. Por fin accedo a la vieja persiana y tiro de la cuerda para subirla; mi gozo en un pozo…hay luna nueva por lo que no entra claridad alguna por la ventana, en fin, al menos se ventilará la casa y se irá el olor a cerrado. Continuo andando y entrando en habitaciones, en cada una de ellas repito el mismo ritual, acciono el interruptor, pero nada, todas las lámparas están sin bombillas, alguien ha sido muy gracioso y las ha quitado o roto, en cualquiera de los dos casos el resultado es el mismo: no hay más luz que la de las estrellas. Después de cinco minutos andando por la casa me detengo a fumar un cigarro y tratar de recordar donde están el resto de las habitaciones. Cuando me siento a fumar el suelo cruje bajo mi culo, no me preocupa, se perfectamente que esta casa no la tira nadie, y que pese ha haber estado cerrada durante mucho tiempo nunca han dejado de cuidarla. Ahora maldigo el momento en el que decidí dejar de usar mecheros con llama para pasarme a los incandescentes, si llevase el zippo de toda la vida esto no pasaría, me habría quemado un par de veces la mano, pero vería algo más por donde piso. Con cada calada mi cara se ilumina un poco y la veo reflejada en un espejo que tengo frente a mí, la verdad es que la imagen es un poco tétrica. Es hora de ponerme otra vez en marcha. Busco a tientas la escalera y comienzo a subirla, me aferro a la barandilla como si de una línea de vida se tratase, dándome una falsa sensación de seguridad, pero con la certeza de que no me golpearé con nada durante la ascensión. Por fin llego al piso superior. Comienzo a andar, todavía agarrado al pasamanos de la escalera, que inmediatamente se acaba comenzando la frialdad de la pared regada de pequeños cuadros. Por fin adivino una tenue luz al final del pasillo, que se escapa por un cristal traslúcido, mi corazón se acelera y sin darme cuenta aprieto el paso, lo que me supone un nuevo golpe contra un mueble. Aquí estoy, parado otra vez ante esta puerta, posando la mano en el picaporte, e imaginando lo que habrá al otro lado, y la abro lentamente, como si no quisiera molestar a nadie. Recuerdo la nota “Nos vemos en la antigua casa de mis padres cuando salgas de trabajar. La puerta principal estará abierta” - Buenas noches. - Buenas noches - ¿Por qué has tardado tanto? - El tráfico. Además no recordaba bien la casa, me he pegado con todo lo que había. - Ya sabes las manías de mis padres de llenarlo todo de muebles… - Por cierto, he dejado abierta una ventana abajo, para que se vaya un poco el olor a cerrado. - ¿Qué ventana? - La de nuestro improvisado dormitorio. - Vale. - Estás guapísima, y aunque ya lo sabes, me gusta decírtelo. - Gracias. Tú tampoco estás mal. - Me ha encantado tu idea de celebrar aquí nuestro aniversario, y no precisamente el de bodas…, no se me hubiera ocurrido. - Ya lo sé, hace tiempo que perdí la esperanza en eso. Calla y siéntate conmigo. El resto podéis imaginároslo.
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