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Escrito por Alex   
viernes, 30 de julio de 2010

Para las vacaciones...

El olor a café invadía toda la casa, como casi todas las mañanas, era un agradable olor del que disfrutaba durante un largo rato mientras ordenaba mentalmente sus quehaceres, sin más pretensión que el tratar de despertar a sus dormidas neuronas.

 

Cuando terminó de tomar el café en la mesa de la cocina se levantó y enjuagó el mug, lo que otrora se denominase taza, y se dispuso a comenzar su actividad con más automatismo que ganas, pero con la misma predisposición que todos los días…ninguna.

 

Comprobó que hacía un magnífico día fuera, así es que decidió irse al parque a trabajar, es una de las ventajas de trabajar desde casa, y eso de las nuevas tecnologías portátiles, que puedes trabajar en los lugares más insospechados, esa es también la maldición, pero es el yin y el yan existente en todas las cosas.

 

Cuando estaba en un parque cómodamente instalado abrió su portátil y se dispuso a conectarse.  Lo primero, revisar el correo, por si había algo interesante o urgente.  Como cada día estaba lleno de spam, ese correo no deseado que tanto entretiene, en el que te ofrecen desde un alargamiento del miembro viril, hasta el incremento de la potencia, es decir, te ofrecen por un módico precio tunearte una parte del cuerpo que la persona que se encuentra al otro lado ni siquiera conoce, o puede que sí, pero no se identifica como usuario o usuaria por lo que resulta complicado llamar para que explique si las quejas son por el tamaño o por el rendimiento, más que nada por no malgastar el escaso dinero que circula en estos tiempos. 

 

Aunque el dinero no es problema, para eso está el resto de los correos no deseados, si hay problema de dinero basta con pedir un pequeño crédito que posiblemente suponga vender el alma a un usurero el resto de la vida, pero tampoco es el alma un objeto muy cotizado en estos tiempos, por lo que es un módico precio por el dinero rápido.  Pero si ya se ha vendido el alma queda otra oportunidad, Las Vegas virtuales, es decir, toda una suerte de casinos y casas de apuestas que ponen a su disposición la ilusión por un módico precio; el dinero puede obtenerlo de los usureros, ya lo devolverá con las ganancias…  

 

Tras leer todos estos anuncios los mandó al limbo de la red, esperando que al día siguiente volvieran puntuales a su cita para ofrecerle el tuning y la salvación en un mismo paquete vacacional.

 

Pero todos no fueron destruidos, hubo uno que le llamó la atención por lo conmovedor del mensaje: “Se cambia pasión por ternura. Se abona diferencia”.  Este enigmático mensaje llamó le dejó intrigado y decidió investigar.  Cualquier excusa es buena para dejar de lado la lista de obligaciones…

 

Comenzó por lo más básico, recordar lo que había olvidado de su época de hacker, y tratar de actualizar sus recuerdos para adaptarlos a los nuevos tiempos.  Volvió a los foros de toda la vida, a las webs de siempre, preguntó a los de siempre, y esquivó a las autoridades de siempre, denunció un par de amigos de los niños que andan por la red (jamás los soportó, solo le merecía su repugnancia), y se dio cuenta de que las cosas no habían cambiado tanto como creía, así es que volvió al enigmático mensaje.

 

Empezó con las indagaciones básicas esperando poder superar el reto de saltar las barreras de seguridad, pero la facilidad con la que llegó al origen del mensaje le resultó decepcionante; ¿para eso tantas molestias?, en fin siempre es bueno comprobar que no había olvidado lo aprendido.

 

Sus investigaciones le llevaron hasta un nick totalmente andrógino, lo cual le llamó aún más la atención y le hizo olvidar lo fácil que había sido burlar las contraseñas y encontrar el origen, bueno, no solo el nombre, también el hecho de que tras del mismo seguramente habría un perfil que por algún motivo que desconocía se encontraba totalmente oculto.

 

Comenzó por un simple correo en el que le preguntaba cómo es que sabía su dirección de mail, y en el que le preguntaba sobre el origen de tan pintoresco ofrecimiento. 

 

En un tiempo no recibió respuesta, por lo que se olvidó del asunto y pensó que sería otro buenoide materialista que vendía cualquier tipo de objeto de una necesariedad totalmente discutible.

 

Cierto día, mientras revisaba el correo no deseado con el fin de borrarlo, o de comprobar cuales eran las ofertas de salvación que le ofrecían hoy, descubrió un mensaje familiar: “Se cambia pasión por ternura.  Se abonará la diferencia”, pero esta vez venía directamente con el nick indescifrable.  Abrió el coreo y se encontró con un documento de word de varias páginas en las que aquella persona narraba una serie de vivencias.

 

Lo releyó una y otra vez, y llegó a la conclusión de que tan importante era lo que contaba como lo que callaba, intrigándole cada vez más.  Hablaba de como el cielo se convertía en la tierra, de como los recuerdos le atormentaban no dejando sitio para las nuevas vivencias, de como el rencor se convertía en modo de vida, de como se mataba a un ave en pleno vuelo, de como se intentaba encerrar a la libertad en una jaula, que pese a los barrotes de oro, no dejaba de ser una jaula, porque aunque las rejas estén por fuera de la prisión no son libres puesto que están ancladas al muro del penal; también hablaba de los descensos al infierno del que nunca salió, de como los diablos le retenían con elogios y parabienes tan falsos como inmerecidos, de como, tal y como dijo el cantautor, el virus de miedo se instaló para siempre, cegando la luz de lo evidente, distorsionando la realidad según antojo, apetencias y conveniencias.  Hablaba de una ciudad en ruinas, con todas las estructuras arrasadas, de lo necesario de volver a levantarla, pero de la escasez de manos dispuestas a ello, de la falta de motivación al observar la destrucción desde un cómodo sofá, como si se mirase la tele y se pretendiera que la realidad queda lejos, sin darse cuenta de que esa realidad está en el interior de cada uno.

 

Siempre que leía aquel texto le asaltaba la duda, y pese a que había comprendido los silencios y las pausas, no encontraba respuesta.  Había entendido a través de aquel texto lo miserable de una existencia humana atormentada, de preferir regodearse en la tristeza que poder ver la felicidad, de tratar de explicar la alegría que sentía con el dolor ajeno, de lo intrascendente de una vida dedicada al miedo, de lo anodino de unos pensamientos vacíos, de un estado de ánimo que se había convertido en un modus vivendi, de una senectud prematura autoinducida. 

 

En ciertas partes del texto pudo apreciar la felicidad más básica y pura, la que sienten los niños por el hecho de serlo, por no tener conocimientos más allá de lo puramente infantil, del caramelo oportuno, de la palabra precisa, de lo que cualquier persona pudiera considerar como falsa felicidad, pero que era lo único que le reconfortaba, los únicos momentos en los que sentía tranquilidad y paz interior, los únicos momentos en los que se volvía calmo el agitado mar que habitaba su alma, en esos momentos era realmente feliz, sin que se pudiera encontrar otra persona sobre la faz de la tierra que le hiciera sombra en la felicidad.

 

De todo había en ese texto, desde lo bueno hasta lo malo, pasando por lo regular; había luz y había oscuridad, felicidad y tristeza, sangre y fuego, entendimiento e incomprensión, crueldad, verdad y mentira, desazón y tranquilidad…  De todo había, como en botica.  Aquel texto respondía a algunas expectativas pero creaba nuevas incertidumbres, cada párrafo contestaba una pregunta y hacía otra.

 

Tras mucho pensar y meditar se decidió a escribirle un correo con la esperanza de que contestase a la pregunta que le inquietaba:  ¿Qué es lo que ofreces tú, la pasión o la ternura?           

Comentarios
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Como siempre, mágnifico
Evaristo (Super Administrator) 2010-08-18 22:55:30

Me quede a medio leer tu sabes, la niña, y hoy lo he terminado de leer, magnifico, como siempre.
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